En las últimas semanas, luego de revisar los índices relacionados con el desarrollo adolescente en Venezuela es tentador pensar que existen coincidencias o por lo menos parecidos importantes entre el papel de la iglesia venezolana actual y aquella que se erigió como líder de espacios politicos, civiles y gubernamentales del decadente Imperio Romano.
Otrora el Imperio no fue capaz de satisfacer las necesidades de sus habitantes, hoy en día el Estado venezolano no puede garantizar la educación secundaria al 75% de los niños que culminan la instrucción formal en basica, ha sido incapaz de establecer sistemas socio productivos para estos jóvenes no escolarizados y mucho menos ha sido capaz de garantizar salud, alimento y seguridad social a las madres adolescentes que en este país representan 90 por cada mil, siendo éste el índice más alto en Latinoamerica.
Frente a este panorama, ¿quién ha sido el encargado de ocuparse de los jóvenes excluidos de la legislación y la planificación nacional?. En muchas comunidades venezolanas las respuestas se ubican en la iglesia y la delincuencia. Aparentemente la segunda parece captar un universo mayor de jóvenes para su accionar, pero la iglesia continúa ocupándose de un porcentaje mucho mayor que aquel del que se ocupa el gobierno venezolano.
Programas de capacitación en oficios, servicios de salud para madres adolescentes, programas de rehabilitación y reinserción para delincuentes y adictos, son algunos de los ejemplos de una iglesia que en muchas barriadas ha, incluso, colgado la sotana para bailar al son que tocan los jóvenes con la idea de ocuparse de ellos o “recuperarles”. Pero esta iglesia que salió de los templos para encontrarse en la calle con los malandros habla, lo que parece ser, un lenguaje distinto al de ellos, porque quién solo conoce el pecado como forma de relación y vive con el casquillo al cuello no se para a pensar en la “Gracia de Dios”, ni espera la salvación, porque honestamente prefiere el descanso eterno que da el pensar que no existe nada más allá de las balas de una 38mm.
Pero sin duda es el gobierno que está todavía más lejos de "gobernar" los espacios y las interacciones de estos jóvenes que sin autoridad, sin rector y en muchos casos sin otra formación que aquella que da la calle, estos muchachos no le deben ni le temen (a su entender) a ningún Dios, gobierno o sociedad.
Estos jóvenes que nunca tuvieron cupo en bachilerato, que escasamente conocieron una maestra que les preguntará como se sentían y que probablemente recibieron de sus padres más golpes que afecto, efectivamente desarrollaron un interés primordial por el bien privado antes que por el bien público.
En su caso, la violencia, la avaricia, la vanidad, la ambición y el exceso no son obstáculos para un bien perfecto, son las características de una actitud que les permite sobrevivir en el barrio y procurarse lo necesario.
Excluídos de todos los acuerdos sociales nunca han sido vistos por la sociedad como individuos capaces de opinar y participar como actores sociales. Por esto, han preferido autoexcluirse aún más, generar sus propios códigos, lenguajes y valoraciones del bien público que en muchos casos tienen que ver con respetar mínimos códigos de convivencia en el barrio para que sus proles y viejas, estén bien.
Sería necesario replantearse cuáles son las prioridades para recuperar la paz y el porvenir en Venezuela, habría que respetar la identidad de los jóvenes y garantizarles estructuras educativas y socio económicas suficientes para poder cambiar el status quo del malandro criollo.
Malandro que vale la pena señalar, dejó de ser un out sider cuando superó numéricamente a los jóvenes que culminan sus estudios, trabajan y viven de un sueldo honrado.
Habría que romper el contrato anterior y establecer otro donde los jóvenes participen, opinen y tengan derecho a formar parte de los pactos de convivencia. Así quizás acortaríamos la brecha entre lo que esperamos para nuestra sociedad y lo que las estadísticas actuales arrojan como el panorama demográfico, social y productivo de nuestro país donde, sin lugar a dudas, los jóvenes son los más afectados como víctimas o victimarios según sea el caso.
Y mientras el gobierno se ocupa de la propaganda, la instituciones privadas no tienen presupuestos ni capacidades, las iglesias hablan idiomas distintos vamos a preguntarnos ¿quién se está ocupando realmente de este asunto? como vamos a revertir el hecho de que a la mayoría de los jóvenes no escolarizados en este país les pareció más pertinente dejar la escuela y dedicarse a la delincuencia o a la economía informal. Vamos a recordar que la mayoría de las armas en este país están en manos de hombres menores de 30 años y que revertir ese panorama debería ser nuestra prioridad como país.





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